NI MELANCOLÍA NI FATALISMO, por Luis Suárez-Carreño Lueje

En respuesta al texto ‘Melancolía urbanística (acerca del reciente debate sobre la ciudad)’, de Francisco López Groh[1]

En ese texto, López Groh (FLG) expone una serie de críticas a las intervenciones realizadas en el debate organizado por el CDU el pasado 2 de abril, ‘PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID. Urbanismo y vivienda en la ciudad de Madrid’. Acto donde él mismo actuó de moderador y se presentaron ponencias por parte de tres organizaciones o colectivos: A pie (Asociación de Viandantes), FRAVM (Federación Regional de Asociaciones de Vecinos) y Ecologistas en Acción.

En tanto que ponente -en nombre de Ecologistas en Acción- me considero aludido por el texto de FLG, por lo que he creído necesario contestarle, en la convicción de que se trata de una discusión relevante sobre el estado de la ciudad y de las políticas urbanas aplicadas y por aplicar.

Ordenaré esta respuesta en varias capas, correspondientes a las distintas cuestiones o aspectos en torno a los que he intentado sistematizar el texto de FLG.

Sobre la naturaleza del capitalismo y el mercado inmobiliario actual

El autor nos describe profusamente un panorama bien conocido: la creciente financiarización y globalización del mercado inmobiliario -suelo y edificación- así como el creciente y desproporcionado peso de dicho mercado en la riqueza -monetaria- de la sociedad, en la ciudad actual.

Lo más sustancial que a su juicio se deriva este nuevo estadio o funcionamiento de los capitales en relación al territorio es una forma de intervención (del capital) ‘fragmentada, por nodos’, desligada ‘de la planificación urbana’.

Aunque luego volveré sobre la planificación urbana, la verdad es que esta conclusión no parece ni muy exacta, ni tan novedosa o sorprendente como se supone que son los cambios.

Lo que sí resulta significativamente nuevo de esta naturaleza financiarizada y global de buena parte del capital inmobiliario, es su carácter especulativo, o, en expresión de Sassen, extractivo, por oposición a productivo. Es decir, la concepción del espacio urbano como depósito de activos durmientes a la espera de revalorización, sin pretensión de realización o transformación a corto plazo.

Pero este rasgo efectivamente es propio de un actor específico (el financiero-global-extractivo), que es sólo uno de tantos que engrosan el ejército de operadores privados en el mercado inmobiliario: constructoras, promotoras, cooperativas, potentes agentes del sector terciario (comercio, hostelería, oficinas) … cuyas expectativas y urgencias no son las mismas de aquel, ni idénticas entre sí. Ese conjunto de actores, que podríamos denominar el sector privado del mercado inmobiliario, hidra de muchas cabezas, no se limita, ni muchísimo menos, a actuar de forma ‘fragmentada, por nodos’[2], ni a mantener sus activos latentes.

Y, para completar el cuadro, conviene no olvidar que hay actores públicos – organismos estatales, empresas públicas, etc. – que, como enormes propietarios de suelo e inmuebles, han estado muy activos en los procesos de especulación y maximización de las rentas, particularmente en Madrid (Operación Chamartín, TPA, Cocheras…). Un sector que en la práctica actúa frecuentemente como socio conseguidor/facilitador del sector privado.

Para aterrizar en nuestra experiencia reciente, vemos que el sector privado -y sus socios públicos- han estado de lo más activos en muy distintos niveles del, digamos, proceso de transformación urbana y su marco regulador: desde la legislación del suelo (proyecto de ley de la Comunidad de Madrid), a los planes y desarrollos territoriales (Estrategia del Sureste, Ciudad Aeroportuaria…), hasta, también, las actuaciones ‘puntuales’ (Canalejas, TPA…), y otras, digamos, mediopensionistas (Operación Chamartín, que por su dimensión no puede considerarse un simple ‘nodo’). E incluso muy activos en la emergente dimensión virtual (plataformas digitales de vivienda turística), que también ofrece acceso a una porción del pastel de las rentas urbanas.

O sea, el capital inmobiliario se sigue movilizando por tierra, mar y aire, sin hacerle ascos a nada, tocando todas las teclas en las que se jueguen intereses presentes y futuros para sus activos consolidados o expectantes, y no solo en forma ‘fragmentada’.

Posibles respuestas o actitudes ante este ‘nuevo’ capitalismo

FLG atribuye a los ponentes la pretensión del ‘control del mercado’ y de ‘salvar al capital’, que considera ingenuo o propio de visiones obsoletas, ancladas en otras etapas del capitalismo ya superadas.

Ninguna ponencia habló desde luego de ‘salvar al capital’, y en cuanto al ‘control del mercado’, hablando únicamente por mí mismo, lo matizaría o expresaría, como creo que hice en mi ponencia, en el sentido de la necesidad -y posibilidad- de contener, desde la mayoría social, la creciente mercantilización y privatización de lo urbano.

El espacio urbano no deja de ser una representación más de las relaciones de poder entre los diferentes grupos -o, si se prefiere, clases- sociales, además, de, por supuesto, la ideología y la cultura, canon estético, estilos de vida, desarrollo tecnológico, etc., dominantes en cada momento histórico. Por ello, en mi presentación hice énfasis en la naturaleza política de la cuestión urbana[3], puesto que lo que está en liza son intereses y derechos ‘duros’ (materiales) enfrentados, en muchos casos antagónicos, e incluso incompatibles. Por una parte, la ciudadanía de a pie; por la otra los poseedores de los medios de producción; o, en otras palabras, lo público (o lo común), frente a lo privado.

En consecuencia, y simplificando mucho, de lo que se trata es de defender los intereses y derechos de la mayoría frente a los de la minoría; teniendo en cuenta que esta dispone de resortes de poder (económico, mediático, y, en general también político-institucional), infinitamente superiores, además de los medios (propiedades, dinero,…) con los que dominan fácilmente el funcionamiento del mercado. Y ya sabemos a favor de quien empuja la famosa ‘mano invisible’ del mercado, dejado a su libre dinámica.

En ese sentido, sí, se trata de controlar democráticamente el mercado, utilizando los recursos políticos disponibles, que comento seguidamente.

Más movilización; más democracia

Por lo tanto, nada de salvar al capital: esto es una permanente dialéctica entre visiones y poderes -y contrapoderes. El debate que al menos a nosotros interesa no es sobre teoría del capital, sino sobre las formas de resistencia: ¿cuáles son las más eficaces y coherentes?

Mientras se mantenga el marco del neoliberalismo como sistema económico, la defensa de lo común se habrá de basar ante todo en la capacidad de movilización y resistencia social; e, instrumentalmente, en el aprovechamiento inteligente de todos los medios democráticos, ya sean de expresión y movilización, jurídicos, participativos, etc., que no son en absoluto desdeñables (y que, por cierto, no nos ha regalado nadie, sino que hemos arrancado con nuestras pasadas luchas).

Desde la Constitución, a los principios internacionales de sostenibilidad e inclusión urbana ratificados por nuestro gobierno, pasando incluso por la ley del suelo estatal; la defensa de lo público y la primacía del interés general cuentan con amplia legitimidad doctrinaria e institucional, aparte de la evidente legitimidad ética.

Somos muchos y muchas quienes consideramos que el actual marco institucional no es plenamente democrático, al permitir la concentración de poder en unas pocas manos, privilegios ilegítimos de ciertas organizaciones (como la iglesia), la mercantilización de bienes de primera necesidad (como la vivienda, la sanidad o la educación), el uso privativo de recursos que deberían ser públicos (energía, suelo, telecomunicaciones), una fiscalidad regresiva,… sin hablar de la corrupción como pandemia.

La realidad es que, en la gestión urbana como en la de otros muchos otros campos de nuestra existencia (empleo, servicios sociales, equidad e inclusión social,…), los estándares democráticos de los que teóricamente presume nuestro sistema institucional-constitucional, están muy lejos de cumplirse. O, expresado en términos de derechos, constituyen derechos teóricos a los que el acceso universal es proclamado en vano en nuestro ordenamiento jurídico.

Por eso, nosotros apostamos por fortalecer las dinámicas unitarias de reflexión y movilización sobre las políticas y los retos urbanos, tales como la desarrollada por la Plataforma por el Derecho a la Ciudad, desde la que se puso en pie el Pacto contra la Especulación ante las elecciones locales de 2015, y que ha mantenido su importante labor de sensibilización y denuncia a lo largo de esta legislatura.

En este sentido, es decir, en relación a las formas de resistencia al capital, FLG nos propone, por una parte, la ‘resistencia punto a punto’, y la creación de ‘la ciudad de los espacios (y las funciones) extraídas a la lógica del capital, ya sea la naturaleza, la vivienda, el espacio público o la inteligencia colectiva[4].

No cuestionaré la ‘resistencia punto a punto’, salvo que con ello FLG pretenda que la ciudadanía renuncie a una resistencia más general y un cuestionamiento del propio modelo de ciudad y territorio que, en el caso madrileño, heredamos tras 25 años de gestión urbana netamente neoliberal. Es decir, punto a punto sí, pero no sólo: resistencia también en el ámbito legislativo, del planeamiento general, del modelo territorial, ambiental, energético, de movilidad, etc. Del derecho a la ciudad en su más amplia acepción.

Y en cuanto a la propuesta de esos espacios extraídos a la lógica del capital, ahí yo sí percibo ingenuidad: ¿extraer la naturaleza o la vivienda a dicha lógica? No sé si lo entiendo bien, pero ¿se trata de crear dos mundos paralelos: el capital con sus ‘nodos’, por una parte, y la ciudadanía en sus ‘espacios liberados’ – y nada menos que la naturaleza o la vivienda – por otra?

En general, el texto de FLG destila cierto fatalismo frente al actual embate capitalista, que parece de alguna manera imbatible o inabordable, obligando a esa reclusión de la ciudadanía en los márgenes, en las respuestas aisladas…

La vivienda, paradigma de un derecho ilusorio

Hablando de vivienda, FLG se detiene en esta cuestión, caracterizada hoy por la inflación galopante de los precios, particularmente de la vivienda en alquiler. FLG parece considerar inútiles las políticas de contención de precios en el actual estadio del capitalismo: ‘…recurrir a soluciones que proceden de otro marco histórico socioeconómico, de otro modelo de circulación del capital conducirá probablemente a medidas inanes o contraproducentes’. Citando el -supuesto- fracaso de las políticas de precios de alquiler en Berlín, como demostración de que ‘…esa inflación no se puede enfrentar eficientemente con medidas locales de control’.

Es este un fenómeno que está dando lugar a uno de los procesos más brutales de exclusión que se han conocido en nuestras ciudades. La tormenta perfecta que han producido la combinación de la entrada masiva de capital especulativo en la ciudad existente, las fuertes inversiones en terciario y vivienda de lujo en operaciones de -mal llamada- rehabilitación, la acaparación de grandes parques de vivienda popular por fondos buitres, la retención de vivienda recuperada por los bancos, y la turistización de áreas tradicionalmente residenciales mediante las plataformas digitales de vivienda turística, con el impacto salvaje en los precios… Todo ello está provocando la expulsión y periferización acelerada de población de las áreas centrales, y de las no tan centrales.

Nadie duda que las políticas públicas de vivienda son complejas y difíciles de aplicar en un mercado que, pese a la concepción teórica de la vivienda como derecho básico, se encuentra, en nuestro país, privatizado en casi su totalidad. También es evidente que una política eficaz requiere acciones en el plano estatal y en el local, dadas sus respectivas competencias, diferenciales y complementarias. Y no es menos cierto que este país, por diversas circunstancias históricas, se halla a la cola entre las sociedades occidentales en términos tanto de provisión de vivienda pública, como de parque residencial en alquiler.

No obstante, se están planteando ya por parte de numerosos colectivos sociales y desde hace tiempo (pensemos en la ya larga, y en muchos aspectos exitosa, trayectoria de los colectivos anti-desahucios), muchas medidas posibles, desde el terreno legislativo al de las políticas de vivienda pública, abarcando la intervención sobre la vivienda vacía, la rehabilitación de barrios residenciales de baja calidad, la utilización social de los importantes patrimonios inmobiliarios públicos (en lugar de hacerlo para especular, como se hace de forma sistemática), y muchos otros[5].

En las presentaciones se habló del tema, especialmente con bastante detalle por el representante de la FRAVM. Creo que el mensaje de las intervenciones se podría resumir en que, por una parte, este es un tema ya de auténtica alarma o emergencia social en tanto que factor de empobrecimiento, injusticia socio-espacial, y, en definitiva, de expulsión (literal)[6] de población de la ciudad, con efecto obvio sobre sectores más vulnerables (tercera edad, mujeres cabeza de familia, inmigrantes, jóvenes precarizados…).

Y, por otra parte, que, sea cual sea el estadio actual del capitalismo, sea cual sea el color de los distintos niveles de gobierno implicados, sea un objetivo realista o utópico,… los colectivos ciudadanos y ecologistas, la sociedad madrileña en su conjunto, estamos obligados a levantar un movimiento de resistencia contra esta nueva forma de negación del derecho a un hábitat digno.

Instrumentos urbanísticos: los planes

En el texto de FLG se exponen de diversas formas valoraciones claramente negativas sobre la planificación/planeamiento urbanístico; aunque no se especifica mucho[7], se podría deducir que no sólo se consideran negativos, inútiles o desfasados los planes generales, sino los planes en general (esto no intenta ser un juego de palabras).

Se afirman cosas como que, dado que el capital se halla ‘desligado’ de la planificación urbana ‘como habitualmente se entiende’, ‘el plan’, en tanto que ‘pacto social’, carece ya de sentido, es solo una nostalgia del pasado, y la reclamación de una ciudad ‘eficiente’ sería ya solo una ‘ficción’.

También se realizan extrapolaciones sobre el alcance que según él se atribuye a los planes, del tipo de ‘construcciones idílicas de una ciudad con una estrategia común acordada por todos’, o de la ‘búsqueda idealizada de un acuerdo común sobre los objetivos y los mecanismos de gobierno urbano en forma de planes en diversas formulaciones’.

No entraré en estas últimas expresiones, que creo simples excesos retóricos, pero sí en el cuestionamiento, tan en boga en sectores profesionales, de los planes. Supongo que nadie dudará que los planes (como programas / proyectos técnicos), así en abstracto y con independencia de su mejor o peor definición técnico-jurídica, son imprescindibles tanto para la transformación como para la gestión de lo urbano. La ciudad es un artefacto técnico complejo, donde multitud de colectivos, funciones, redes, sistemas, se superponen, o conviven, o conectan, o yuxtaponen, o, en cualquier caso, se han de coordinar.

Hacer ciudad sin plan es posible[8], claro, como fabricar un avión o un microondas sin un diseño técnico previo; sólo que el resultado sería siempre disfuncional.

Volviendo al texto de FLG: por una parte, del hecho de que el capital financiero global pase -supuestamente- de la planificación no se deduce mecánicamente que la ciudadanía de a pie debamos renunciar a la racionalidad, equidad y eficiencia que solo la planificación puede -intentar- garantizar en la transformación de la ciudad y el territorio.

Y, refiriéndome más específicamente al plan general (PG) de ámbito municipal como figura emblemática y crucial de nuestro sistema de planeamiento urbano/territorial, es cierto que al menos dos de los tres oradores defendimos en nuestras presentaciones su necesidad, lamentando la renuncia que el equipo de gobierno de Ahora Madrid hizo al inicio de su mandato respecto al abordaje de la revisión del vigente PGOUM (de 1997).

Este clima anti-PG, si bien está justificado por las notables deficiencias que presenta actualmente esta figura en la mayoría de los ordenamientos urbanísticos autonómicos (y en particular en el madrileño), tanto en términos de requisitos y contenidos, como de tramitación, no suele acompañarse de propuestas alternativas o reformadoras[9], ni de valoraciones sobre las consecuencias de no disponer de un marco regulador municipal actualizado (no sólo en relación a los cambios de la propia realidad en los últimos 25 años, sino a los de paradigmas y principios rectores) respecto a los retos urbanísticos que enfrenta nuestro territorio, muy particularmente su flagrante desigualdad e injusticia espacial, y su insostenibilidad medioambiental.

La Plan-General-fobia, sin alternativas mínimamente plausibles o concretas, se convierte de facto en una postura desreguladora, un rollo muy neoliberal que sin duda favorece la perpetuación de un status quo espacial injusto (es evidente que el no-plan beneficia a quien posee más poder fáctico), por una parte, y por otra impide situar las macro-operaciones urbanísticas en una perspectiva y estrategia territorial democrática, debilitando la posición de lo público y de lo sostenible en dichos conflictos.

Añadir que, tanto en el rechazo al plan como en el escepticismo sobre la capacidad de intervenir en el mercado inmobiliario desde las políticas públicas, el autor coincide plenamente, aunque sea de forma involuntaria, con la posición tristemente mantenida por el gobierno municipal de Ahora Madrid a lo largo de la legislatura que ahora concluye. Y, por supuesto, con la actitud de las administraciones regionales madrileñas que hacen endémica dejación de funciones en su obligación legal de ordenar el territorio, lo que en su caso resulta plenamente coherente con su ideología[10].

Programas electorales: de qué iba el debate

Hablando de la temática del debate de marras, FLG señala que ‘…quizá por deficiencias en la organización del debate, y aunque se hizo referencia a cuestiones clave de la confrontación de la legislatura que acaba (Chamartín, Desigualdad socioespacial), la parte propositiva resultó una especie de programa‘.

Exactamente eso, una especie de programa, es lo que creo que se nos pedía: cuáles son a juicio de nuestros colectivos los principales desafíos, reivindicaciones, objetivos a alcanzar durante la próxima legislatura municipal en materia de ciudad y territorio. No se trataba de programas electorales como tales porque ninguna de nuestras organizaciones se presenta a las elecciones, pero sí algo parecido para que tomen nota, si tienen a bien, las candidaturas que sí se presentan[11].

De acuerdo al párrafo citado, FLG parece que echó en falta una más explícita valoración de la legislatura que ahora se cierra, lo que reitera en otros pasajes: ‘Hubiera sido interesante (…) una reflexión sobre las luchas concretas recientes (…) o de la forma en que la administración municipal (…) han gestionado los conflictos (…).

Sobre esta ausencia relativa (en las ponencias sí se hicieron algunas referencias a los conflictos latentes o pendientes, así como valoraciones críticas más o menos tangenciales a la gestión del gobierno municipal de AM): creo que tanto el espíritu de la invitación por parte del CDU como la interpretación que de la misma hicieron las ponencias, estaban más enfocadas al futuro que al pasado.

Y, finalmente, hablemos de melancolía

FLG se sorprende de que en algún momento en las intervenciones se mencionaran favorablemente los logros o enfoques de la gestión urbanística realizada en Madrid (y no sólo en nuestra ciudad), durante los años 80 del pasado siglo: ’Traer a colación las bondades de la política urbana ¡de los años 80! como se hizo reiteradamente en el debate solo puede ser producto de la melancolía.’

Explicaré mi alusión a ese periodo de nuestro urbanismo, que de hecho califiqué como la ‘edad de oro’ del urbanismo madrileño: En esta ciudad veníamos de atravesar, al inicio del gobierno de AM, un desierto de 25 años de urbanismo neoliberal; buena parte de la población de nuestra ciudad no ha conocido más que este tipo de gestión urbana, probablemente piensan que esta es la única forma que existe. Sin participación real; especulando con los bienes inmuebles públicos; poniendo la legislación y las administraciones al servicio de los operadores inmobiliarios privados; reduciendo sistemáticamente los estándares dotacionales y de servicios; expandiendo insensatamente la mancha urbana…

Nuestro propio concejal-director del área de ‘desarrollo urbano sostenible’ (AGDUS) en esta ya casi pasada legislatura, por su edad solo ha conocido directamente este periodo de sombras. Bien harían, para disponer de mayor perspectiva, él y los urbanistas de su generación, en conocer el urbanismo iniciado en la Transición, que, partiendo de un periodo aún más largo y más negro, con audacia y compromiso, reescribió los manuales de la profesión, enraizó esta en la sociedad (¡aquellas asociaciones de vecinos forjadas contra la dictadura, que empíricamente emprendieron la conquista del derecho a la ciudad!), y realizó propuestas urbanísticas innovadoras que desafiaban las leyes sacrosantas del mercado y planteaban retos formales y estructurales para transformar positivamente nuestro paisaje y experiencia urbana.

Es decir, en aquel contexto y con aquellos recursos, no extrapolables, obviamente, a los actuales, se afrontó mucho de lo que este ayuntamiento ‘del cambio’ renunció a proponerse, en sus propias coordenadas históricas. Es una lástima que en este país, y en particular en esta ciudad, no exista nada parecido a una historia del urbanismo contemporáneo[12], este es un déficit que necesariamente deberá resolverse. Porque no se trata de añoranzas o ensoñaciones estériles, sino de conocer y aprender de las experiencias pasadas. Porque, con todos los errores, limitaciones y frustraciones que se vivieron, y sin idealizaciones fantasiosas del pasado, esa historia, tan reciente y tan olvidada, tal vez ayudaría a alguna gente a considerar que otro urbanismo es siempre posible.


[1] Publicado el 22-04-2019 en la web del CDU.

[2] Aunque el concepto nodos es ambiguo, interpreto esa forma ‘fragmentada, por nodos’ como puntual, aislada, sin continuidad, sin plan o estrategia general.

[3] En contraposición a la frecuente mixtificación, apoyada en fuentes de autoridad como los convenios y organismos internacionales (véase la Nueva Agenda Urbana), que pretende vendernos que se trata de una cuestión esencialmente técnica.

[4] En otro pasaje habla de que ‘se abren (…) frente a la ciudad como activo financiero, los espacios de la ciudad de los bienes de uso, la ciudad que intenta crear espacios fuera (o contra) del circuito de acumulación financiera, la ciudad de los bienes comunes’, que entiendo viene a ser algo parecido.

[5] Recomiendo, como buen compendio histórico y político de las políticas (y las luchas sociales) sobre vivienda en este país, el reciente libro ‘De la especulación al derecho a la vivienda (más allá de las contradicciones del modelo inmobiliario español)’, de Raquel Rodríguez y Mario Espinoza (Instituto para la Democracia y el Municipalismo – Traficantes de Sueños–Útiles, 2017).

[6] Vale la pena pararse en este término que S. Sassen utiliza precisamente para titular el que creo que es su último libro publicado: ‘Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global’ (Katz editores, 2015): ‘Las muchas expulsiones particulares que se examinan en este libro en conjunto equivalen a un proceso de selección salvaje’ (cita de la presentación). En nuestro caso, si pensamos por ejemplo en los jóvenes, podemos apreciar rápidamente una sucesión de situaciones de expulsión: del mercado formal de trabajo y de los derechos laborales; de la ciudad central y del derecho a la vivienda… y en muchos casos, de su propio país en busca de oportunidades que aquí no encuentran.

[7] En realidad, hablar de plan y de planeamiento -urbano- sin más es lo mismo que no hablar de nada; para este debate hay que empezar por especificar un poco; no sólo en cuanto a la escala y la temática, sino también respecto a sus objetivos: a groso modo hay que distinguir, al menos, entre el plan como mero instrumento de una actuación urbanística (típicamente, el plan parcial de iniciativa privada), y el plan como herramienta de política urbana (planes directores, planes especiales, planes generales, normalmente de iniciativa pública). Parece claro que por contexto y argumentación FLG se refiere a estos últimos.

[8] Y lamentablemente frecuente: la ciudad informal, que alberga actualmente a más del millar de millones de personas en el mundo (según estimaciones muy groseras), es más o menos eso, aunque en realidad siempre hay un mínimo plan previo, por muy rudimentario que sea.

[9] Como enfoque opuesto, es decir, propositivo, documentado y razonado, sobre el planeamiento general, sugiero el ejemplo de este trabajo reciente: ‘La potestas diabólica. Los retos y las debilidades del planeamiento urbanístico en el Derecho español’, por Marcos Vaquer Caballería, en: https://www.planur-e.es/articulos/ver/la-potestas-diab-lica-los-retos-y-las-debilidades-del-planeamiento-urban-stico-en-el-derecho-espa-ol

[10] Afortunadamente, no todas las administraciones regionales se rigen por esa dejadez, véase, por poner un ejemplo opuesto, la oleada de una nueva figura de plan territorial comarcal en Cataluña, concebida para corregir efectos nocivos como el turismo sin control: el Plan Director Urbanístico. Reseñado en ‘Las alianzas entre los movimientos por la defensa del territorio ponen en jaque un modelo urbanístico insostenible’, Jordi Sans, Público.es, 7 de mayo 2019. Cita: ‘El PDU de Revisión de Suelos No Sostenibles del Litoral de Girona, (…) no es el primero de estas características que se ejecutará y tampoco está previsto que sea el último. Esta iniciativa comenzó poniendo el foco en el Alt Pirineu y tiene la voluntad de examinar la totalidad de comarcas catalanas’.

[11] Las propuestas de Ecologistas en Acción para las candidaturas municipales de Madrid se puede consultar aquí: https://www.ecologistasenaccion.org/?p=118315

[12] Al parecer hay en marcha un estudio muy documentado sobre el Plan General del 85; su aparición sería una gran noticia para la escuálida cultura urbanística de nuestra ciudad.

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Una respuesta a NI MELANCOLÍA NI FATALISMO, por Luis Suárez-Carreño Lueje

  1. Juliana Garcia dijo:

    No participé en el debate, pero el autor de este articulo ha conseguido que me hiciese una idea bastante ajustada a lo que en él se trató.
    No soy experta en el tema, apenas una ciudadana de esta ciudad, que me acogió hace 37 años, y que entiendo tiene profundas grietas y desigualdades en relación a muchas dimensiones, entre ellas de la vivienda. Una ciudad que expulsa a miles de sus cuidadanxs para que se beneficie el mercado. Y eso el autor lo explica perfectamente, y de una manera sencilla y comprensible, aun en su dimensión compleja y técnica.
    Sr Francisco López, pensar, creer que es posible una forma diferente de abordar el tema de la vivienda y el papel que tienen las administraciones públicas para minimizar o resolver las desiguales que genera el mercado, y proponer soluciones en otra línea, no solo no es melancólico o utópica, sino que es un creencia útil y necesaria, como no es por melancolía que usted bebe agua cada día, (que curioso sin proponérmelo conseguí un pareado) aunque es una necesidad muy, muy, muy antigua.
    Enhorabuena y gracias, Luis por las reflexiones.

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