Opinión. M-30: deprisa, deprisa

M-30: deprisa, deprisa

A punto de cumplirse un año de mandato el Alcalde madrileño sigue ensimismado en poner en marcha su proyecto estrella: la actuación sobre la M-30, incluido el soterramiento de parte de esta autovía urbana en la zona lindante con el Manzanares. Ensimismamiento que lleva parece llevar aparejada la paralización de cualquier proyecto en cualquiera otra área.

Que se conozca al menos. Tras meses en los que el ocultismo fue prácticamente total se abre un periodo de información pública que cojea por la ausencia de una imprescindible declaración de impacto ambiental que los responsables municipales quieren rehuir. El asunto de la M-30 tiene correa. Se barajan cifras de escalofrío: en antiguas pesetas más de seiscientos mil millones que una vez se incorporen las desviaciones de rigor (también las menos rigurosas) y los costes de financiación pondrían la obra en los dos billones de pesetas. Al ocultismo y las inversiones barajadas se une el factor tiempo. Según Ruiz Gallardón si se cumplen requisitos que parecen obvios –la declaración de impacto ambiental, por ejemplo- no se podrá acometer el proyecto porque no habrá plazo para terminarla. ¿Qué plazo? El que marca la futura convocatoria electoral dentro de tres años. Es, sin duda, una nueva manera de abordar la planificación en la ciudad a golpe de oportunismo político y buscando más la rentabilidad electoral que el beneficio de la ciudad. Y esto último es lo esencial: la utilidad social del empeño, el orden de prioridades en las necesidades de Madrid, que otras posibilidades se pierden enterrando –y nunca mejor dicho- esos dos billones de pesetas. Con todo, llevar a efecto en las condiciones que exige Gallardón la promesa electoral de la actual corporación del PP tropieza con importantes obstáculos. A la actitud dubitativa de la Comunidad de Madrid que terminó por remitir el proyecto al Consejo de Estado se suma ahora el cambio político operado en el país tras la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero incorporando nuevas incertidumbres: pronunciamiento de la Confederación Hidrográfica del Tajo, posición del Ministerio de Medio Ambiente… En el trayecto es preciso estimular el debate político, social y técnico. Los bueyes que deberían haber tirado desde el principio de esta carretas de ruedas trucadas.
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