PAISAJE Y PARTICIPACIÓN_Luis Moya

El paisaje urbano está constituido por su arquitectura y la población que lo habita con sus vivencias, consecuencia a su vez de su cultura. Por ello la ciudad está en continua construcción debido a la intervención de sus usuarios. La participación no es más que un sistema organizado de intervención.

La participación puede ser activa y decisoria, o solo reglada en un proceso legal con frecuencia burocratizado. Nos vamos a referir a la primera pues la segunda suele utilizarse para defender intereses económicos concretos con mecanismos que no siempre están al alcance de los usuarios.

En España se teoriza el concepto de participación urbanística dentro de los movimientos clandestinos de los últimos años de la Dictadura, años 1960, siguiendo las teorías de H. Lefbvre y C. Alexander. El primero aporta una forma de acción social general, el segundo una metodología de intervención local colectiva. Ambas son vigentes e inspiran procesos actuales de participación decisoria que puede desarrollarse por irrupción, por invitación de los agentes públicos, o por autogestión, pero como indica J. Forester siempre es una negociación.

Madrid tuvo una experiencia de participación decisoria organizada en décadas de lucha compartida, con el apoyo de partidos de izquierda en la clandestinidad y una iglesia progresista, y llevada a cabo en la primera democracia, entre los 70 y 80 del siglo pasado. El resultado tangible puede apreciarse y admirarse en el paisaje del barrio de Palomeras en el distrito del Puente de Vallecas que participa de las tres formas de participación decisoria.

El puente de Vallecas segregado de Madrid por accidentes naturales y grandes infraestructuras de transporte, tuvo que absorber una población de unos 200.000 habitantes procedentes en los años 1950‐60 de la España pobre del sur, que habitaba en parcelaciones de infraviviendas sin equipamiento ni transporte. Pero este barrio, a través del proceso de participación, ha convertido su estigmatización en señas de identidad reflejadas hoy día a través de la música con sus grupos letras de protesta, en el cine a través de películas que transcurren en el barrio, y con pintura efímera en espacios públicos que recuerdan la antigua Escuela de Vallecas de tiempos de la República, con artistas de la categoría de Benjamín Palencia, Alberto Sánchez, Maruja Mallo, y Alberti entre otros. El arte ha conseguido fundir en maravillosos cuadros y poemas, lo rural con lo urbano y lo popular con lo metropolitano.

Esta experiencia de asociacionismo participativo se fue disolviendo en la democracia al ser absorbida por los partidos, especialmente de izquierda. Tras un par de décadas de anomia ciudadana en las que se ha producido la llamada burbuja inmobiliaria, surge el Movimiento “15 M” y el resurgir de las ansias de participación ciudadana que tiene que combatir en Madrid con un ayuntamiento del partido conservador PP. En poco tiempo, y a diferencia del Movimiento “5 Stelle” italiano, el 15 M se transforma en partido político con el nombre de Podemos, que entra en el nuevo ayuntamiento con el nombre de Ahora Madrid. Al frente se sitúa la Alcaldesa Manuela Carmena, prestigiosa jueza progresista e independiente. Por tanto coherentemente con su origen, ha puesto en marcha varios procesos de participación con la finalidad de resolver operaciones especulativas heredados del negocio inmobiliario de la etapa anterior (vedi: G. Trovato “Ritratti di cittá. Madrid decide” Il Giornale dell’Architettura 24 marzo 2016). No obstante los esfuerzos que sin duda se han realizado, gran parte de las asociaciones vecinales han manifestado, en los últimos meses, una cierta insatisfacción con respecto al procedimiento de participación que aboca al dirigismo o la inacción.

He vivido como asesor vecinal un caso que lo pone de manifiesto: el proyecto de remodelación de una zona de 20 Has de las cuales la mitad pertenecen a las que ocupaba la fábrica de cervezas Mahou en Madrid y que ocupa todavía el estadio del Club de Fútbol del Atlético de Madrid; piezas clave de esta ciudad. Durante el mandato del PP, el proyecto incluía grandes torres de 20 plantas repartidas por el terreno y dos rascacielos de 36. La operación la detuvo el tribunal de justicia debido a una reclamación de los ecologistas sobre las alturas, y la llegada al Ayuntamiento de Ahora Madrid. El nuevo proyecto propone una ordenación contemporánea de manzanas de bloques abiertos con una altura media de 7 plantas, y reduce en 1/3 el volumen anterior.

La Asociación de Vecinos, aún estando de acuerdo con el proyecto pues ha recogido sus sugerencias en gran parte, reivindica temas concretos que mejorarían la vida cotidiana: evitar un tráfico de paso importante, reducir las 12 plantas de algunos bloques y ampliar racionalmente los centros escolares. A pesar de un posible acuerdo con los promotores privados, es la Concejalía de urbanismo la que pone más dificultades para un acuerdo con los vecinos. En efecto con la falta de experiencia, y la acumulación de casos y su urgencia, empiezan a asomar los antiguos vicios de la “casta”: opacidad, inflexibilidad en la negociación, divorcio entre decisión política y razonamiento técnico, y aproximación paulatina a los promotores simultáneamente con alejamiento de los vecinos.

En conclusión, la participación vecinal retrasa una operación que el ayuntamiento necesita políticamente para justificar la detención de otras heredadas y no ser acusado de frenar el desarrollo económico y por ende la merma de empleos. Pero la estructura socioeconómica necesita tiempo para ser cambiada y por eso mantenemos la esperanza de que la participación auténtica progresará dando un paisaje futuro más amable a Madrid.

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