Opinión: CHAMARTÍN, DEL APLAUSO A LA DECEPCIÓN, por Eduardo Mangada

El pasado 9 de octubre se publicó en el diario digital Nueva Tribuna el artículo “Chamartín, del aplauso a la decepción” de nuestro socio Eduardo Mangada, que reproducimos a continuación por su interés:

Mucho se ha escrito y hablado sobre las virtudes (pocas) y los pecados (muchos) de la llamada Operación Chamartín, rebautizada varias veces a lo largo de estos años (Operación Chamartín, Distrito Castellana Norte, Madrid Puerta Norte) hasta su última partida de nacimiento, incluida en el acuerdo suscrito entre el Ayuntamiento de Madrid, DCN (BBVA) y ADIF (Ministerio de Fomento) el pasado julio. Hoy el nombre oficial es Madrid Nuevo Norte.

He escrito y publicado más de diez artículos, desde 1993 hasta 2017. Todos ellos contra la llamada Operación Chamartín, considerada perniciosa para Madrid desde un punto de vista disciplinar, económico y, sobre todo, político, con independencia del color del gobierno que la ha tutelado en cada momento.

Sólo en mayo de 2016, cuando el gobierno municipal de Ahora Madrid con el apoyo del Grupo Socialista, hizo pública, en un acto presidido por la alcaldesa Manuela Carmena, la anulación del proyecto liderado por DCN proponiendo una alternativa denominada Madrid Puerta Norte, aplaudí sin reservas junto a Jesús Gago la decisión municipal (Nueva Tribuna, 11 mayo 2016). Por varias razones.

Primero, porque suponía rescatar del rapto privado la intervención más importante que se prevé en esta ciudad en los próximos años. Recuperar la titularidad pública del urbanismo frente a la voracidad de los operadores financieros, más que inmobiliarios, amparados por los gobiernos del PP en el Estado y la CAM.

Segundo, porque planteaba una reconsideración de las dimensiones de la intervención urbanística, atendiendo más a las necesidades de los madrileños que a las de los operadores privados y sus tutores.

Tercero, porque troceaba el desarrollo previsto, permitiendo una modulación en el tiempo, tanto en términos económicos como de contenido en las distintas fases. Un desarrollo progresivo, dirigido por el Ayuntamiento, que debía marcar en cada etapa las prioridades a las que debía responder. Dando incluso la posibilidad de colaborar con los operadores privados.

Desgraciadamente, este apoyo entusiasta duró poco. Solo unos meses más tarde (julio 2017) se firma el ya citado acuerdo en el que se establecen las Bases para la ordenación urbanística del área Estación de Chamartín.

Del aplauso a la decepción. De la alegría a la tristeza ante un Ayuntamiento que se ha mostrado, en este caso, pusilánime y acomplejado ante los poderes financieros ligados al sector inmobiliario apoyados, como siempre, por los gobiernos del PP, organizaciones empresariales y los medios de comunicación afines.

Hoy la reflexión y la toma de posición obligadas ante esta operación debe partir del análisis de este acuerdo, asumido y exaltado por técnicos y responsables políticos municipales, salvo por algunos ediles “rebeldes”. El grito de triunfo se manifestaba con estas breves palabras: “Hemos conseguido un urbanismo de consenso”. Un consenso construido y formalizado entre el Ayuntamiento, DCN y ADIF sin tener en cuenta las múltiples sugerencias y alegaciones de las asociaciones ciudadanas convocadas en distintas ocasiones a mesas de debate, más formales que eficaces.

Una declamación enfática que ya se había pronunciado en relación con el “desbloqueo” de la Operación Canalejas, auténtica muestra de incultura arquitectónica y urbanística. Baste para ello ver los groseros e ilegales levantes que coronan las nobles fachadas de los edificios remodelados, es decir, arruinados, para beneficio del señor Villar Mir.

Una tristeza profunda que se acentúa con la evasiva postura municipal ante la desproporcionada, innecesaria, agresiva física, social y económicamente Estrategia del Sureste. Y ¡ojo!, cabe temer que en breve asistamos a otro triunfo del “urbanismo de consenso” en Campamento.

No voy a analizar una vez más, de forma pormenorizada, los graves pecados que han acompañado la historia de este trozo estratégico de Madrid, especialmente los contenidos en el citado acuerdo de julio de 2017.

La Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) y Ecologistas en Acción, junto a otras organizaciones culturales, profesionales, etc., hicieron públicos en su momento unos necesarios y rotundos comunicados descalificando el acuerdo alcanzado. Comunicados que se han ido completando y profundizando hasta nuestros días.

Distintos profesionales ligados al urbanismo y a la arquitectura, a la cultura de la ciudad, han publicado artículos y declaraciones en el mismo sentido. Félix Arias ha hecho con rigor intelectual y lucidez política una valoración pormenorizada de cada uno de los puntos del acuerdo. Francisco López Groh, con sólida solvencia intelectual, matizada por una aleccionadora ironía, publicó un artículo cuyo título, “Chamartín: ¿truco o trato? (Nueva Tribuna, 05-08-17) indica ya una crítica negativa del acuerdo.

Recientemente he podido oír la voz airada de un diputado del grupo de Podemos en la Asamblea de Madrid, Isidro López, que considera la decisión municipal una derrota política de la izquierda, ya que supone renunciar a la inalienable responsabilidad de los poderes públicos a la hora de proyectar, construir y gobernar la ciudad al servicio de los ciudadanos. Lamenta que, una vez más, se entregue una pieza estratégica de Madrid al bloque inmobiliario financiero. Termina con una evocación histórica: esto es un nuevo paso del Rubicón.

Como canta mi paisano Raimon: Quan creus que ja s’acaba, torna a començar.

Al escribir estas líneas he vuelo a leer, con paciencia y diligencia, las Bases del acuerdo y mi opinión quiero resumirla en unas breves palabras:

  • Se trata de un documento contable, burocrático y resignado, en el que no encontramos ni una sola valoración solvente de política urbana ni del significado que lo pactado tiene para el Madrid de hoy y el del futuro.
  • Una contabilidad fraudulenta. Una especie de juego de trileros en el que te quito unos metros de edificabilidad, pero te ahorro unas cargas de urbanización. Te reduzco el ámbito al que aspirabas, pero te regalo un trozo de Las Tablas. Etcétera. Todo es truco. Y queda el trato, en el que DCN sigue ganando como operador todopoderoso. Operador financiero, que ni siquiera promotor inmobiliario.
  • En tono menor. Se mantiene y aplaude el despilfarro: una gran losa de hormigón innecesaria para cubrir una parte importante de las vías ferroviarias e implantar sobre ella el parque central del nuevo desarrollo. Así unen a la incultura urbanística la irracionalidad económica y el desconocimiento más elemental de la botánica. Además, una propuesta que computa como zona verde en las determinaciones urbanísticas del conjunto.
  • Y siguiendo con irracionalidades irresponsables, se desmantelan y trasladan las cocheras de la EMT y sus equipamientos anejos, así como importantes instalaciones del Canal de Isabel II. Con igual desprecio a lo existente, no se aprovecha el potencial de la Estación de Fuencarral como punto de máxima accesibilidad. Etcétera.
  • No sólo se olvida el reequilibrio de la ciudad en su conjunto, sino que se ignoran los déficits de equipamientos de los barrios vecinos y las deficientes, cuando no inexistentes, conexiones entre ellos.

En resumen, rechazable este acuerdo porque no solo es malo para el Madrid de hoy, sino que sienta un precedente peligroso para mañana, tanto por su contenido como, sobre todo, por la forma de gestionar la construcción de la ciudad.

Siento sinceramente esta confrontación, quizás excesivamente abrupta, con la decisión urbanística que sobre esta área estratégica de Madrid ha asumido el Ayuntamiento, olvidando el necesario reequilibrio, la sensatez y las responsabilidades cívicas que obligan a todo buen urbanismo. Y lo siento sinceramente porque quiero seguir apoyando al gobierno municipal de Ahora Madrid y a su alcaldesa, Manuela Carmena, como lo hice con mi voto y deseo poder hacerlo en el futuro.

La discrepancia sobre las decisiones urbanísticas no niega mi reconocimiento y apoyo a una corporación que está conduciendo la vida de los madrileños por cauces más democráticos y sostenibles en el futuro, tanto desde el punto de vista social como medioambiental.

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