ACERCA DE LA MELANCOLÍA: CONTRA-RÉPLICA A LUIS SUÁREZ, por Francisco López Groh

Luis Suárez Carreño ha escrito una amplia y prolija réplica (nada menos que 8 páginas) a mis comentarios sobre el debate de la Ciudad de Madrid celebrado recientemente en el Club de Debates y publicado en esta misma web.

La réplica trata tal número de cuestiones que responder a todas ellas llevaría sin duda un considerable número de páginas de forma que intentaré limitarme a lo que en mi opinión (no necesariamente compartida por Luis Suárez) es más relevante, dejando al lado los comentarios que se refieren a actitudes, estados de ánimo y demás, especialmente aquellos ad hominem, utilizando parcialmente las “capas” propuestas en la réplica:

  1. Las características actuales de la intervención del capital en la ciudad y la relación entre propiedad y capitalismo financiarizado.
  2. El desarrollo de formas de resistencia o enfrentamiento tanto a los efectos como a los mecanismos de estas formas de intervención, un asunto estrechamente relacionado con el anterior
  3. Y de forma un tanto secundaria, el espectro del Plan General como velo.

La ciudad del capitalismo financiarizado

Empecemos por si los cambios son “tan novedosos y sorprendentes”. La extensión autoimpuesta me impide desarrollar este asunto con amplitud –que creo haber tratado en diversos textos en  esta web y en otros medios- por lo que me limitaré a dar un solo apunte: En el año 1980 la sunna de todas las actividades financieras globales equivalía aproximadamente al PIB global, a finales del año 2007 esta relación (profundidad financiera) era del 360%. Una transformación de suficiente calado como para no percibir ahí una transformación radical desde los años 80 (los 90 en Europa) y que está en el origen de la reciente crisis financiero-inmobiliaria.

Esta “enfermedad financiera” (que persiste) constituye una respuesta a la insuficiente rentabilidad del capital  y la masiva sobreproducción de capital (el conocido como Wall of Money) y mercancías en los países avanzados, lo que indudablemente tiene sus efectos directos sobre la inflación desbordada de activos, ya sean empresariales (acciones) o inmobiliarios. La integración de los mercados inmobiliarios y financieros es un rasgo del capitalismo actual. La denominación de “especulativo”, “extractivo”, etc. son nombres no siempre precisos dados a este proceso.

Luis Suárez minimiza este rasgo comentando que “es solo uno de tantos que engrosan el ejército de operadores privados en el mercado inmobiliario”. Pero no es así. La circulación global de capitales en el mercado inmobiliario no es “uno de tantos” sino el principal factor que desencadena los acompasados y frenéticos incrementos de precios en el mercado inmobiliario.

Es más, a pesar de las diferencias “de partida” (path dependence) y los diferentes marcos institucionales, es precisamente este actor el que transforma y conduce la actuación de los demás actores locales por un efecto de arrastre. Son las condiciones provocadas por esta transformación y su impacto directo en las ciudades la que arrastra por al inversor individual (como ocurre con el incremento de la compra de vivienda para alquilar –buy to let) de forma que todos esos operadores tendencialmente y como sector (es decir no como capitalistas individuales) siguen su estela. Este fenómeno nuevo en su magnitud ha sido denominado por los analistas sincronización de los mercados inmobiliarios, concordancia, o, en su sentido original griego, simpatía.

Resistencias

Este es sin duda el asunto más complejo de los que aquí se tratan (ignoro la suposición de haber atribuido a los ponentes el deseo de “salvar el capital”, dado que lo que me interesa son los procesos que aquí se tratan y por añadidura las acciones  no se miden por sus propósitos sino por sus efectos). En su interior coexisten diversas cuestiones confusamente entremezcladas y referidas ocasionalmente a medidas concretas. Empecemos por el “control del mercado”. Por supuesto que en ocasiones determinadas medidas intentan (más que consiguen) controlar el mercado. Y no tengo nada en contra de este intento. Los propios organismos internacionales lo hacen repetidamente precisamente para “salvar el capitalismo”, con inciertos resultados por cierto, porque el endeudamiento global continúa creciendo y las herramientas financieras opacas (derivados) siguen incrementando su peso en esta poscrisis.

Pero a mi entender lo más problemático de este “control” no es sólo su “ineficacia” (sobre el “supuesto” fracaso del control de alquileres en Berlín ya he publicado algunos datos y gráficos, que muestran el crecimiento continuado de los precios a pesar de las continuadas reformas de las medidas de control y son abundantes los estudios que muestran que las ayudas al alquiler son absorbidas hasta en un 80% por la propiedad-el suelo) sino que constituya un campo de juego que sirva de velo a otras alternativas y que, como sostuve, ocupe recursos excesivos de las resistencias. Como es el caso de la vivienda pública en alquiler. Por otra parte, si las proposiciones que aquí se defienden son aproximadamente ciertas, es probable que esta ineficacia se produzca precisamente a causa de ese marco globalizado real de la inversión inmobiliaria, como muestran las actuaciones de algunos estados (que no tienen las cortapisas nuestras de la UE) como Australia o Canadá de ir al origen de los problemas controlando la inversión inmobiliaria offshore (y cuya eficacia está por ver)

Fuera del mercado

Lo que más me asombra, viniendo de quien viene la crítica, es la calificación de “ingenua” de la propuesta de extraer espacios a la lógica del capital, es decir al mercado. ¿Que son entonces las ocupaciones? ¿Qué es la vivienda pública? ¿O los equipamientos? ¿Qué son las redes alternativas de conocimiento o la reclamación (Italia) de un espacio público de innovación?. Construir espacios alternativos y contra el Estado (incluso local) es también una forma consistente de combatir la ampliación del espacio de la mercancía (incluidos los bienes ambientales). Me parece  más productivo dedicar los recursos y el esfuerzo de las resistencias a por ejemplo fomentar la vivienda pública que a intentar controlar el incremento de precios en el mercado de vivienda, política que ha fracasado reiteradamente, como ejemplifica el caso de la VPO.

Esto no significa crear una sociedad separada, sino espacios donde la resistencia a la hipermercantilización de todo se combate, creando “territorios disidentes” (Lopes de Souza) “creados por las prácticas espaciales insurgentes de esos movimientos (y que) son bastiones de una resistencia económica, política y cultural en el marco de la cual las condiciones locales y regionales son altamente valoradas, al tiempo que envían un mensaje universal (libertad y solidaridad)”.

Acerca del Plan General como ideología

Aunque este asunto, como se afirmaba al inicio, es de menor calado en esta discusión, es cierto que explícita o implícitamente era un asunto que sobrevolaba las intervenciones (y de hecho es una reclamación del confuso manifiesto de la Plataforma por el Derecho a la Ciudad).

Empezaré por el “desinterés” del capital (y el estado en todas sus escalas) por la Planificación y su representación física El Plan General. La alusión realizada en el texto se refería al tremendo cambio que se produce en el funcionamiento del capitalismo en la charnela de los años 80,  el desarrollo continuado de lo que después se conocería –entre otros nombres- como neoliberalismo. A lo largo de los años de la posguerra de la segunda guerra mundial el planeamiento físico –el planeamiento general de las ciudades- fue una herramienta decisiva en la conformación de aquel modelo keynesiano-fordista, no sólo regulando la transformación económica de posguerra (consumo de masas para simplificar) sino que fue una herramienta performativa del propio modelo económico (autovías, producción masiva y homogénea del espacio del consumo de mercancías estandarizadas, inversión inmobiliaria como impulso al conjunto de la inversión, pacto social para el crecimiento, etc.)

Este modelo se rompió como es sabido a partir de los 80 (más allá de las diversas explicaciones) y es en ese sentido que la estrategia del capital cambió respecto a la planificación y en concreto respecto al Plan. Es a esta situación a la que me refería al hablar del desinterés del capital en el Plan, lo que no obsta por supuesto que cualquier intervención sobre la propiedad tiene forzosamente que pasar por alguna forma de regulación de los “derechos” de utilización del suelo (el ficticio “derecho a edificar”). Pero esto no es planificación. Es simple administración.

Lo que se pretendía era llamar la atención en el hecho –progresivo desde los 90 al menos en nuestro país- de que son las intervenciones puntuales y acotadas las piezas decisivas de la actuación hoy del capital en la ciudad, en especial –aunque no solo- las grandes operaciones urbanas, y que –de nuevo- los mecanismos difusos de acumulación en la ciudad juegan a la sombra de estas intervenciones. Como por otra parte la Operación Chamartín muestra.

Y esta estrategia puntual (no siempre “extractiva” como se afirma a veces), es algo mucho más complejo, desde su papel como depósito de valor –los activos inmobiliarios son hoy el mayor respaldo de los activos financieros- a la creación de un circuito de de beneficios financieros (ficticios) y esto cambia el terreno de juego de las resistencias.

En mi opinión es un hecho que las resistencias se producen en realidad como enfrentamientos precisamente a dichas intervenciones, a veces de forma ciega, guiadas apenas por los efectos negativos inmediatos, de la operación Chamartín a la oposición en NY al almacén de Amazón o  la operación de los Hudson Yards.

Y en este sentido creo que es desde estas resistencias puntuales desde donde se pueden derivar aspiraciones y enfrentamientos de mayor calado, o en términos de Luis Suárez “una resistencia más general” (lo del modelo urbano me parece en cambio metafísica profesional). Y es en ese sentido que una reflexión sobre estas resistencias reales (Chamartín, la Carta del Sur…) hubiera aportado posiblemente una información valiosa sobre la actuación de las fuerzas en presencia, vecinos-BBVA-Ayuntamiento, ayudando a desvelar las posiciones y aspiraciones de cada cual.

Lo que no acabo de entender es qué relación causal tiene esto con la revisión del Plan General. Por supuesto que cualquier ciudad basada en el derecho de propiedad requiere instrumentos de ordenación urbanística y que ante determinadas transformaciones estas regulaciones deben ser revisadas. Pero ello no implica necesariamente la revisión del Plan General y mucho menos aún creo que esto pueda constituir una reclamación de las resistencias.

Y por cierto, me parece estupendo que se realice una reflexión sobre el Plan General del 85, pero esto es un asunto de historia urbanística y de hecho no estaría de más desmitificarlo como tantos otros artefactos de la época, desde los pacto de la Moncloa a la reconversión industrial pero considerar que ese mecanismo y aquel momento pueden ser trasladados sin más a la actualidad se parece a los que reclaman hoy una imposible política keynesiana.

No voy a entrar como dije en las acusaciones de pesimismo y otras similares del texto, de cierto regusto a los procesos de Praga, prefiero seguir la consigna de Walter Benjamin de “organizar el pesimismo” y mucho menos  ponerme a discutir si existe la Plan-General-fobia (o la Plan-General-filia, que manías hay para todos los gustos) pero desde luego el combate a la desregulación (caso de ser pertinente) no  pasa necesariamente (ni fundamentalmente) por la Planificación física (el Plan para entendernos).

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