HOMENAJE UC3M A JULIO ALGUACIL_Concha Denche Morón

Reproducimos el texto-homenaje de Concha Denche para Julio Alguacil que leyó en el acto que tuvo lugar en la Universidad Carlos III el pasado 15 de diciembre con motivo del fallecimiento de Julio el 14 de noviembre de 2016.

Como CDU nos unimos a sus palabras y  le ofrecemos  nuestro  homenaje colectivo.

No va a ser fácil hablar de Julio, ahora ya ausente, por las emociones y lo prolijo del intento, pero yo trataré de hacer unos retazos de los muy distintos planos en los que se movía, y si soy capaz, enfocar su trayectoria uniendo aspectos de su vida que  eran más desconocidos. Empezaré diciendo que Julio y yo nos conocimos hace 40 años, en el instituto, preparando una huelga de estudiantes que se enmarcaba en las movilizaciones de la transición política. La huelga consiguió parar el centro y nos unió en la militancia contra un régimen agonizante y despiadado. Conformarse no, ese verbo no figuraba en su vocabulario. He compartido 36 años a su lado, hablo por tanto de mi compañero de vida, el padre de mis hijas, compañero de luchas, de militancia, de caminos de la legua y la sociología. De un intercambio y un estímulo permanente, juntos. Más de la mitad de mí misma.

Si algo definía a Julio era su propia complejidad, en el sentido literal del término: complexus, lo que está tejido en conjunto. Siempre alineado en la sociología critica, Julio trató de dignificar el discurso y la práctica de esa otra sociología que tiene más dificultades para encontrar su lugar y el reconocimiento social que merece, frente a otras aplicaciones sociológicas que, vinculadas a la racionalidad económica, tratan de ocupar, simplificando, el campo del oficio y el discurso sociológico. Sirva por tanto, también, este acto para reivindicar el corpus conceptual de la Sociología como disciplina, como ciencia social. Es lo que él hubiera hecho.

Julio representa la figura del sociólogo, ya investigador social, ya profesor, que hace de la búsqueda y la pasión por el conocimiento su modus operandi. Su libro Calidad de vida y praxis urbana es una exploración sólida, fundamentada y rigurosa del pensamiento complejo por su sentido de alternativa.

Julio se instala en la perspectiva investigadora en la que el objeto de estudio ni se disocia, ni excluye al sujeto del proceso de conocimiento, porque ese proceso  y los cambios sociales que pueda generar, transforman las condiciones materiales, pero también al investigador y la comunidad sobre la que se interviene. Con Edgar Morín, Julio descubre que la sociología de la complejidad debe recoger la vocación científica y la humanística. La transgresión es una actitud vital en Julio: nuevos paradigmas, metodologías cualitativas, horizontales, más democráticas y menos jerarquizadas, más inclusivas y participativas para que sean los ciudadanos los que intervengan en las decisiones que afectan a sus necesidades, que aprendan a empoderarse. Jesús Ibáñez, (de quien Julio fue un alumno aplicado y un apasionado de su obra) decía de la sociología “positivista” clásica que: “No recolecta cómo son las cosas, ni cómo pueden ser, pero produce cómo deben ser”. Julio tenía mucho que decir: calidad de vida, complejidad, tercer sector, administración relacional, participación ciudadana y poder local… y mucho más que hacer: buscar otro sentido del conocimiento, la utilidad social de la investigación más allá del marco académico. Julio siempre ejerció el oficio de sociólogo con la determinación de no formar parte del universo matrix, prefería estar como dice Benedetti: abajo, abajo cerca de las raíces. Siempre lejos de los tribunos que trabajan por mantener la chusma a raya, como señalaba Noam Chomsky. Julio ha sido un hombre rompedor de enfoques y métodos, que aplicaba el conocimiento a la transformación del entorno, a la corrección de las desigualdades sociales.

Antes de trabajar en el estudio de los 30 barrios de remodelación, Julio había formado parte de las luchas contra la infravivienda y el chabolismo en Usera-Villaverde y por unas condiciones de vida dignas, más justas, más igualitarias.   Teorizó la participación porque sabía que solo la movilización de la ciudadanía podía transformar el espacio físico y social. De ahí al Derecho a la ciudad de Henri Lefèbvre, solo había un paso.

Muchos son los caminos de sus búsquedas: Marx, la Escuela de Francfort, Weber, Durkheim, Foucault, Bourdieu, Mario Gaviria, Iván Illich, E. Morin, J. Galtung, José Manuel Naredo, Jeremy Rifkin, Zigmund Bauman, Antonio Elizalde, Manfred Max Nef, David Harvey, Lipietz, Preteceille, Christopher Alexander o Rober Castel. Siempre explorando  nuevos conceptos y paradigmas que desafíen las convicciones inducidas y puedan producir cambios sociales que saquen a la humanidad de su propia deshumanización en una sociedad líquida, mutiladora, vertiginosa y mutante que multiplica el riesgo, destruye el bienestar y el medio ambiente y genera el empobrecimiento de amplias capas de la sociedad, concentrando la riqueza en una pocas manos: el exitoso fracaso del planeta neoliberal y su desamparo globalizado.

Insistir en el sociólogo innovador: la inclusión del análisis del medio ambiente urbano cuando ese concepto no formaba parte de la investigación sobre la ciudad.   La conceptualización de los hogares y nuevas formas de habitar en la Comunidad de Madrid y el Plan Integral para la intervención en los distritos de Usera y Villaverde, donde apareció el fenómeno de la vulnerabilidad fragmentando el territorio. Espacios desdibujados de su entorno por una movilidad social descendente que amenazaba su presente y su futuro.

“La aceleración, la velocidad, la inestabilidad, la movilidad, la liquidez, la incertidumbre, el riego, son todos ellos factores desencadenantes de procesos que expresan profundos cambios intrasistémicos, en múltiples dimensiones de la vida humana, que nos alejan de aquellas sociedades del primer y segundo mundo surgidas tras la II gran guerra. En estos últimos cuarenta años, a nivel mundial, se ha duplicado la población, se ha duplicado la urbanización, se han duplicado los residuos y las emisiones de gases invernadero, se ha duplicado la pobreza… haciendo que nuestras sociedades sean crecientemente vulnerables” (Julio Alguacil). La vulnerabilidad, en sus distintas facetas, la exclusión social, residencial, era un punto central de sus investigaciones. El artículo “La integración y la exclusión van por zonas” usando las categorías socio-espaciales de Castel en los 21 distritos y 128 barrios de Madrid es tan preciso como necesario y desvela la dualidad extrema de la ciudad de Madrid.

Los planes de participación y desarrollo comunitario han sido anticipadores de otro elemento novedoso: una sistemática de orden relacional, un legado para construir ámbitos vecinales comunitarios.

Interdisciplinar, inquieto en sus reflexiones, organizó en colaboración con el Departamento de Urbanística de la ETSAM unas jornadas sobre el Censo 2011 (que no ha pasado de ser una encuesta). Modificaciones en la estadística que bien merece un debate, por lo que suponen de pérdida de información, sin olvidar que el rigor y la calidad estadística son un indicador democrático de la sociedad. La circulación por redes sociales de aquel debate y su impacto obligó al INE a realizar un seminario de similares características.

En todo este cruce de trayectorias es necesario mencionar a Javier Camacho, profesor también de esta universidad y compañero del Departamento, con quien trabajó durante años. Su alma gemela sociológica y personal. El mismo compromiso, la misma honestidad y un destino común con una misma enfermedad, que nos quitó a Javier este verano.

Quiero remarcar que en el binomio excelencia/exclusión Julio eligió, sin dudarlo, alinearse con los más desfavorecidos, en los barrios donde desaparecen los derechos y la ciudad se borra entre fragmentos.

El reverso de la complejidad es la sencillez, y Julio fue aunando experiencias vitales como la montaña, de la que aprendió que exige esfuerzo, disciplina, afán de superación y ofrece a cada paso una lección de humildad: la fragilidad, la pequeñez humana frente a la naturaleza. Hay que esquivar el riesgo y alcanzar la libertad.

No puede entenderse la trayectoria intelectual del investigador, del profesor, sin implicarla en su trayectoria vital polifacética.

Julio siempre se sintió muy orgulloso de su procedencia social, era hijo de un trabajador de Standard Eléctrica y un ama de casa. Antes de leer a Manuel Castells, a Jordi Borja o al mismo Jesús Leal, ya conocía la crisis urbana y sabía que había una ciudad de los ricos y otra de los pobres, como dice Bernardo Secchi, porque vivía en ese sur industrial que era un manual de miseria, segregación, empresas nocivas, peligrosas e insalubres y beneficios para los poderosos. Y en ese punto de encuentro entre movimiento obrero y movimiento ciudadano, emerge el compromiso político luchando por las libertades y derechos democráticos  perseguidos por la dictadura franquista. Julio, como buen marxista, pensaba que el ser social determina la conciencia. Por eso, muy pronto se hizo militante de la Joven Guardia Roja, y con 17 años sufrió una detención que le tuvo 10 días en los calabozos, por la que le pedían 10 años de cárcel, de los que solo la ley de amnistía de 1977 le libró. Militó en el Partido del Trabajo (PTE) hasta su disolución. Una etapa de conciencia y compromiso social trascendente en su vida.

Pero hay que hablar, también, de Julio amante de la montaña desde adolescente, que conocía Guadarrama como su piel y había hecho de la Pedriza su lugar por naturaleza. Incansable escalador en roca y en hielo en Pirineos, Picos de Europa, en los Alpes franceses, suizos, en los Dolomitas italianos, en los Cárpatos y los Altos Tatras checoslovacos. Julio el montañero al que había que esperar (con mucho miedo) días junto a un glaciar mientras intentaba el ascenso a un 4.000, el lesionado en caídas en vías de escalada. Con Julio era fácil subir alto, hasta un 3000 en Pirineos consiguió que subiéramos un grupo muy poco dotado. Con él aprendí a hacer vivac y a mirar las estrellas desde más cerca, perdidos en el silencio. Vivir la aventura del monte. Julio se lo podía escalar casi todo, en una ocasión se escaló una torre del Palacio de Maudes reivindicando los terrenos de un cuartel en Villaverde. Era el despacho del consejero de Política Territorial, entonces Eduardo Mangada, a quien hace poco yo le agradecía, con años de retraso, que no avisara a la policía evitando la preceptiva detención. Pero su gran pasión era Gredos, Galayos, el macizo central, Almanzor, La Galana, los rincones de Navarquita, el alma de los pueblos vettones. El Tormes y el Alberche. La geografía de las sensaciones.

Antes de trabajar en el estudio de los 30 barrios de remodelación, Julio había formado parte de las luchas contra la infravivienda y el chabolismo en Usera-Villaverde y por unas condiciones de vida dignas, más justas, más igualitarias.   Teorizó la participación porque sabía que solo la movilización de la ciudadanía podía transformar el espacio físico y social. De ahí al Derecho a la ciudad de Henri Lefèbvre, solo había un paso.

Yo señalaría de él su comprensión y su mirada del mundo reparando hasta en el más mínimo detalle, reuniendo múltiples hermanos aunque era hijo único. Su solidaridad que era una forma de ternura, su forma de sentir al prójimo como propio y conmoverse con su sufrimiento. Y cómo no, su vocación de enseñante.

No puedo dejar de contaros un detalle más de la coherencia de Julio, de su   generosidad: él hizo posible mi dedicación a la política durante 12 años en la dirección federal de IU y como cargo público; asumió el cuidado de nuestras hijas Aitana y Vera, mientras yo viajaba, elaboraba, hacía campañas. Lo más hermoso era que, a cada una de mis vueltas, observaba que aquello era un hogar que funcionaba sin mí.

El activista inagotable que ha sido, se adivina en las muchas movilizaciones-transformaciones del sur madrileño: Onda Sur, la radio libre de Villaverde, Asamblea cívica de Villaverde para recuperar el Parque Central de Ingenieros, El parque lineal del Manzanares, el Movimiento Por la dignidad del Sur (18.000 M en inversión). La militancia en IU, la fundación de la corriente Ecosocialista. La Asociación Vecinal la Incolora y, ahora la rehabilitación de la colonia Experimental  que consiguió el compromiso de la alcaldesa Manuela Carmena, recién elegida, y el proceso que  está echando a andar. Las excursiones de los Pataliebre, un lugar de encuentro y disfrute colectivo del monte. Y como Julio era de estar organizado, en los meses de la enfermedad, montó Los martes al sol, con algunos de sus amigos hermanos; salidas a la sierra, caminatas y risas en tiempos de incertidumbre. También afrontó su enfermedad con ánimo de lucha hasta el último día.

Julio era un mundo con muchos mundos dentro. Un vitalista comprometido, buena gente, el que no dejó ni una batalla por dar porque pensaba que somos camino. Amigo, profesor, colega, compañero, un padre entrañable con una familia extensa, su particular consejo vetton. Ahora tenemos que aprender a vivir sin él, yo seguiré esos caminos que anduvimos y quiero que le recordéis con una frase de E. Galeano: ”Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, una buena síntesis de su vida.

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